Ladies and gentlemans (leidis and llentelmans para los que tocan de oído) Hoy, con motivo del aprecio que sin duda les confieso, y en aras de fortalecer esta ya consumada relación les hablaré de mis odios. – Si ya estamos en ese punto-. Muchas veces se ha dicho, no en vano, que odio todo; pero no es cierto, amigos, no es cierto. No odio todo lo que existe, si bien a veces resulto apática y malhumorada, a la par que ausente, no es odio, es llamémoslo con finura “ojeriza”. Pues bien debo confesarles en la más clandestina intimidad que odio los “coches discoteca” por mi bautizados con el nombre que creo los define a la perfección. Estos, lejos de ser un instrumento para desplazarse, son utilizados por mil adolescentes y no tan adolescentes para airear sus canciones que siempre resultan repulsivas para la que escribe, pero ese es otro punto. Me irrita la gente que corre por las aceras como si los edificios fuesen a desplomarse. A mi me gusta observarlo todo con meticulosidad, si una señora camina sola por la calle me imagino como será su vida, que misterios esconden sus bolsas de la compra. Cuando un coche aparca me apasiona pensar las mil historias que él habrán surgido. Me irritan las nuevas tendencias musicales, las lamentables canciones que son afamada e incluso idolatradas por la sociedad. Si, amigos el “regaeton” no es música es balbuceo sexista acompañado de un ritmo infernal. En materia de música mi crítica se extiende hasta el pop, las malogradas letras de temática hermética (amor y desamor) que rellenan su vacío con un/a cantante semidesnudo que tararea sobre un micrófono mientras un aprendiz de acróbata simula tocar la guitarra. Detesto además los pseudorebeldes de Armani. Si, señores y todos esos rebeldillos que elevan el puño en señal de discordia mientras introducen el papel en la urna de color socialista. Me aborrecen las conversaciones sobre moda, si debo admitirlo, no me gusta ir de compras, me deprime ver mil pantalones, mil faldas, mil camisetas y mil zapatos a la espera de que mi limitado gusto por la moda se decida entre esa amalgama de productos que tan solo difieren en el color de los botones o la cremallera. Me incomodan los políticamente correctos, los que todo lo apoyan. Los reconoceréis en un instante. Suelen utilizar expresiones como “a mi me parece bien”, “no se, puede que tengas razón”, “si tú lo dices, no te lo voy a discutir”. Llámenme extremista, cerrada y demás improperios pero yo no lo apoyo todo, tengo mi criterio no soy una relativista, una pensadora obtusa. No, no todo puede ser blanco o negro, lo negro es negro y lo blanco es blanco y no excusemos nuestra carencia de personalidad con esa vacua expresión de “Cada uno es libre de pensar lo que quiera”. No, tratemos a la libertad como una meretriz a nuestros servicios, si no queremos llegar a ser perfectos sumisos. Sin mayor dilación me despido con agradecimiento al lector. Pasen buen fin de semana.
4 comentarios
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Pensamos igual respecto a la mierda de la "música" actual.
Por cierto, para saber amar hay que saber odiar, si no ¿cómo sabrás que es amor y qué es odio? me parece bien que odies, mientras no sea con exceso :) Un besazo,
Bridget.
Pasaba para desearte una buena semana santa y me he encontrado con que no te había comentado este artículo y ahora me acuerdo por qué. Lo leí y pensé volver en otro momento a releerlo para poderte hacer un comentario en condiciones.
Bueno, pues eso, que lo tengo que volver a releer pero no ahora porque no estoy lo suficientemente despejada para hacerlo. Te adelanto que estoy de acuerdo.
Un beso, guapa, y a pasar unos buenos días.
Bridget odiar es necesario para amar, habría que consultarle al Dalai Lama. Yo aun no controlo mi alma hasta ese punto. Un beso...por cierto siento el retraso. Un beso
Mariana como ya le comuniqué a Bridget siento la tardanza, espero que esta sea una buena semana para ti y gracias por comentar. Un besp